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UNA DE BARRO Y OTRA MURO

Carrera de Orientación y Barbacoa. 22 Mayo de 2005


       Me desperté ilusionado de ir a una nueva excursión del grupo de montaña, tiré de las sábanas de mi amo Armando para que se levantara de una vez. Previamente le había ocultado debajo de la cama aquel sombrero tan horrible que provocó las bromas de sus amigos en la “Clásica de la Maliciosa”.

       Nos metimos en un coche negro matrícula de Bilbao para ir a la “Casa de la Juventud” de Majadahonda. Del maletero salía un fuerte olor a carne que me preocupaba… Mientras conducía, yo le miraba orgulloso por sus logros profesionales, ¡nada menos que sub-director! Y deseando que no se fuera otra temporada larga a Europa.

       Allí, ya había algunos esperando y como de costumbre otros fueron llegando un poco más tarde de la hora. Eso sí, puntual siempre el Sr. Entrenado con un brillo especial en sus ojos y con un cierto tufillo a campeón de algo.

       Uno a uno fui saludándoles, ¡me encanta que me toquen la cabecita!, al terminar con todos volví a empezar otra vez por el primero. Me siento querido en el grupo, por algo soy la mascota.

       Cambiamos de coche rumbo a un lugar cercano a la “Silla de Felipe II”, donde habíamos quedado con otros miembros. Me enteré que venía Mati con su coche, así que prudentemente dejé de corretear y me puse sentadito a la sombra en un lateral. Aunque allí curiosamente casi me atropella una señora, pero los gestos desesperados de Susan (la estadounidense) para advertirnos, nos desorientaron aún más. Suspiré aliviado al ver que me pasaba rozando.

       Llegó Mati con Inés y uno que no conocía con un peinado parecido a un Pica-pinos. Pasaron delante de nosotros muy decididos, aparcando como si fueran todos los días a ese lugar. Más tarde me enteré que no era así, ya que movilizaron a media Comunidad de Madrid en busca del “coche chirlado”. Apareció Peri sofocado, pues según nos explicó cuando se preparaba a poner las balizas se dio cuenta que se las había olvidado en el coche.

       Nos fuimos al lado de una presa, en donde nuestro presidente nos esperaba con nuevo “look” estilo Palos de la Frontera finales siglo XV ( “Hermano Pinzón”). Delante de él siempre intento portarme bien, pero cuando se enrolla a hablar intento cortarle con unos cuantos ladridos. Explicaron no sé qué, se dividieron en grupos ( la pareja más graciosa era la formada por Elena y Jessica, creo que su equipo se llamaba “Las cansadas de estudiar”).

       De buena gana me hubiera quedado con Kaiser y Peri, escuchándoles comentar los preparativos de la barbacoa y sus historietas, siempre interesantes, sobre mujeres. Pero de todos es conocido que mi dueño se orienta fatal, tanto que ocho años atrás me compraron los Zerolo como “perro guía”, pues pensaban que su hijo no veía bien.

       ¡ Vaya grupo me tocó! , Susana que se comía el suelo al hacerle las ramas la zancadilla, mi Armando querido y Víctor, el muy “pringao” con pantalones cortos. Cuando no sabían dónde estaban me enseñaban el mapa para ver si les ayudaba. Yo claro me fijaba en éste en los charcos para llevarles hacia ellos.

       Al poco tiempo de empezar nos pasó Juan, ya con un tufazo a ganador, pero con el resto de grupos nos veíamos continuamente. En todo riachuelo, charco… yo me refrescaba viendo sonreír a todo menos a mi dueño que ponía cara de resignación. Lo peor los muros, yo me hacía el torpe para que me pasaran en brazos, aunque si llego a tener huevecillos, Víctor me los hubiera aplastado.

       Nos juntamos tres grupos pero tardábamos más en encontrar las balizas, veía peligrar la barbacoa, menos mal que ellos tenían tanta hambre como yo. Nos metimos en un arboreto hacia la carretera desistiendo buscar ya la nº10. Allí encontré una acequia maravillosa, sin pensar como saldría me zambullí. Armando acudió a mi ayuda y para agradecérselo intenté refrescarle con mi secado rápido.

       A partir de aquí el “guirigay”, aparecían socios y simpatizantes por doquier, pero yo seguía sin poder hincar el colmillo. La barbacoa finalmente fue un éxito, todo nos inflamos con chorizos, morcillas, pinchos morunos, costillas, pedazos de panceta más grandes que Darna, etc.

       Solamente un par de quejas Sr. Presidente, no os inventéis que los perros se quedan ciegos con el dulce, para no darme a probar las tartas de las “superprimas”. Y una chuletitas… vamos más huesos.

       Muchos guaus! :

             Koke.